July 15, 2013

Dios me bajo a la novia...

 “Si alguien me pregunta, le contestaré que estoy bien, que seguiré adelante y que cada día que pasa siento menos dolor e inseguridad que el día anterior… Pero no estaría más que mintiendo, mintiéndoles a todos. 
De vez en cuando busco saber si estás bien, aunque es un poco complicado, pero aún así me reconforta leer que has seguido adelante, que, seguramente ya estas mejor sin mí, la verdad creo que todos siempre están mejor sin mí…”
Así iba a empezar esta entrada hace unos meses, pero se quedo ahí, abandonada, sin nada más que unas líneas sin mucho sentido y un título… Justo como yo me siento.

Hace poco me pasaron una infinidad de cosas que hicieron que me diera cuenta de una realidad que esperaba, sólo fuera un mal sueño, pero no lo era. “¡Te lo dije!” grito con indignación mi yo interno. Así es, ella me lo dijo.

Hoy no vengo a tirar mis dramas, hoy vengo a decirles que Dios me bajo a la novia, así como lo leen, y es que al final nunca supe darle el lugar que se merecía, nunca confié en ella, nunca le creí cuando decía que luchaba por mí, siempre pensé que yo la amaba más...

Fue entonces cuando llego el desastre, un día ella se dio cuenta que yo “discutía” con un ex novio suyo y que por eso, lo poco que creía en ella se fue a la basura, sentía que ella no me valoraba, que yo no le importaba porque ÉL seguía en su vida… que tonta fui en no creer más en ella.

Comencé a presionarla diciendo que me alejaría, que no volvería a saber de mí en toda su vida; ella lloraba cada que yo decía eso y en muchas ocasiones llego a rogarme que no me fuera. Eso hacía que yo me sintiera segura de que ella seguiría ahí y que tal vez, ella si me amaba un poco.

Después comenzaron las indirectas entre su ex y yo, y vaya que nos dimos con todo. La verdad es que él no es bueno para ella, no les explicaré el porqué, pero créanme, yo soy mejor partido.

Seguramente pensarán que en este punto logre que ella se deshiciera de ÉL, pero no; ÉL seguía ahí, molestándome con su simple presencia.

Una de esas veces que nos mandamos indirectas, entre ÉL y yo decidimos que lo mejor para ella era que siguiera con uno de los dos y el otro se hiciera a un lado. Sonaba sencillo, echamos una moneda al aire y el ganador se quedaría con la chica.

Cuando cayó la moneda, el ganador fue a recuperar su trofeo, fue entonces cuando hubo una pequeña alteración en la fuerza. Ella estaba molesta; y mucho.

Se sentía usada, como un objeto, sintió que ninguno tomo en cuenta lo que ella hacía, que a ninguno le importaba lo que ella quería y, por supuesto, yo fui con la que más se enojo pues jamás confié plenamente en ella. Al final nos mando a los dos a volar…

Por eso creo que Dios me bajo a la novia, pues cuando creía estar haciendo las cosas bien, resulto que no. Y que ésta princesa no necesitaba un príncipe que la rescatara, necesitaba un compañero que realmente la amara, la apoyara, la comprendiera y creyera en ella, y desgraciadamente, eso sólo lo encontró en ella misma. Ni con ÉL, ni conmigo.

FIN

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