“Si alguien me pregunta, le contestaré que estoy bien, que seguiré adelante y que cada día que pasa siento menos dolor e inseguridad que el día anterior… Pero no estaría más que mintiendo, mintiéndoles a todos.
De vez en cuando busco saber si estás bien, aunque es un poco complicado, pero aún así me reconforta leer que has seguido adelante, que, seguramente ya estas mejor sin mí, la verdad creo que todos siempre están mejor sin mí…”
Así iba a empezar esta entrada
hace unos meses, pero se quedo ahí, abandonada, sin nada más que unas líneas sin mucho sentido y
un título… Justo como yo me siento.
Hace poco me pasaron una
infinidad de cosas que hicieron que me diera cuenta de una realidad que
esperaba, sólo fuera un mal sueño, pero no lo era. “¡Te lo dije!” grito con
indignación mi yo interno. Así es, ella me lo dijo.
Hoy no vengo a tirar mis dramas,
hoy vengo a decirles que Dios me bajo a la novia, así como lo leen, y es que al
final nunca supe darle el lugar que se merecía, nunca confié en ella, nunca le
creí cuando decía que luchaba por mí, siempre pensé que yo la amaba más...
Fue entonces cuando llego el
desastre, un día ella se dio cuenta que yo “discutía” con un ex novio suyo y
que por eso, lo poco que creía en ella se fue a la basura, sentía que ella no
me valoraba, que yo no le importaba porque ÉL seguía en su vida… que tonta fui en
no creer más en ella.
Comencé a presionarla diciendo
que me alejaría, que no volvería a saber de mí en toda su vida; ella lloraba
cada que yo decía eso y en muchas ocasiones llego a rogarme que no me fuera.
Eso hacía que yo me sintiera segura de que ella seguiría ahí y que tal vez, ella si
me amaba un poco.
Después comenzaron las indirectas
entre su ex y yo, y vaya que nos dimos con todo. La verdad es que él no es
bueno para ella, no les explicaré el porqué, pero créanme, yo soy mejor
partido.
Seguramente pensarán que en este
punto logre que ella se deshiciera de ÉL, pero no; ÉL seguía ahí, molestándome con
su simple presencia.
Una de esas veces que nos
mandamos indirectas, entre ÉL y yo decidimos que lo mejor para ella era que siguiera
con uno de los dos y el otro se hiciera a un lado. Sonaba sencillo, echamos una moneda al aire y el ganador se
quedaría con la chica.
Cuando cayó la moneda, el ganador
fue a recuperar su trofeo, fue entonces cuando hubo una pequeña alteración en
la fuerza. Ella estaba molesta; y mucho.
Se sentía usada, como un objeto,
sintió que ninguno tomo en cuenta lo que ella hacía, que a ninguno le importaba
lo que ella quería y, por supuesto, yo fui con la que más se enojo pues jamás
confié plenamente en ella. Al final nos mando a los dos a volar…
Por eso creo que Dios me bajo a
la novia, pues cuando creía estar haciendo las cosas bien, resulto que no. Y que ésta princesa no necesitaba un príncipe que la rescatara, necesitaba un compañero
que realmente la amara, la apoyara, la comprendiera y creyera en ella, y desgraciadamente,
eso sólo lo encontró en ella misma. Ni con ÉL, ni conmigo.
FIN
